Una lámpara de escritorio debe complementar la luz general y ayudar a ver documentos u objetos sin crear reflejos molestos en la pantalla. Su posición y capacidad de ajuste son tan importantes como la bombilla.

No existe una única temperatura de color perfecta para todo el mundo. Lo importante es que la luz resulte estable, regulable y coherente con el ambiente donde trabajas.

Qué conviene comparar

1

Brazo orientable

Permite mover la fuente de luz según escribas, leas o participes en una videollamada.

2

Regulación gradual

Varios niveles de intensidad ayudan a equilibrar la lámpara con la luz natural a lo largo del día.

3

Base o pinza

Una pinza libera superficie, pero necesita un tablero compatible. Una base pesada ofrece más libertad de colocación.

4

Control sin esfuerzo

Los mandos deben ser accesibles sin sujetar la lámpara ni recorrer menús cada vez que la enciendes.

Lista de comprobación

Errores frecuentes

La decisión con criterio

Una buena lámpara se adapta a la tarea sin llamar la atención. Prioriza el movimiento, el control de intensidad y una colocación que evite sombras y reflejos.